Las últimas horas habían transcurrido en otro mundo, un universo de roces, de miradas que no entendía y que se comían la razón y la vergüenza. Ahora, de regreso a aquella realidad que siempre acechaba en las sombras del esnanche, el embrujo se desprendía y apenas me quedaba el deseo doloroso y una inquietud que no tenía nombre. Una simple mirada de Bea me bastó para comprender que mis reservas apenas eran un soplo en la ventisca que se la comía por dentro. Nos detuvimos frente al portal y nos miramos sin hacer ni amago por fingir. [...]
Me alejé con la mirada prendida de la suya [...]
Esperé a que Bea hubo entrado en el edificio y partí a paso ligero, volviendo la vista atrás a cada paso. Lentamente, me invadió la certeza absurda de que todo era posible y me pareció que hasta aquellas calles desiertas y aquel viento hostil olían a esperanza [...]
Me detuve un instante, [...], y pensé que aquél había sido el día más extraño y maravilloso de mi vida.
[Carlos Ruiz Zafón - La Sombra del Viento]
Bert — 26-09-2005 22:40:19
WeN — 27-09-2005 19:51:09
Miry — 29-09-2005 15:22:39
JuD — 02-10-2005 00:45:25