No te quiero sino porque te quiero
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego.
Te quiero sólo porque a ti te quiero,
te odio sin fin, y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.
Tal vez consumirá la luz de enero,
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.
En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego.
Pablo Neruda
Es casi imposible saber cuando empiezas a estar enamorada. Un buen día, sin previo aviso, se suceden miles de reacciones químicas en tu interior que provocan que mires con otros ojos a aquél que hasta entonces solo era un chico más y que le convierten en el centro de tu universo.
Pero saber que estás enamorada solo es el principio de otros miles de cosas que suceden en tu interior. Es entonces cuando te asaltan las estúpidas (o no tan estúpidas) dudas tipo anuncio de compresas; por ejemplo: ¿Que colonia usará?, ¿sabrá que es el protagonista de mis sueños?, ¿apareceré yo en los suyos?, ¿qué pensará de mí?, ...
Todo esto nos sume en un estado de empalagamiento absoluto que cada una expresa como medianamente puede: escribiendo poesías cursis, hablando por los codos sobre él, vivir en la nube sin prestar atención al resto del mundo, ... Creo que en realidad todas hacemos un poco de todo: escribimos, soñamos y decimos cursilerías monotemáticas mientras intentamos traer a la memoria el timbre de su voz o la dulzura de su olor.
Admitamoslo: el enamorarnos nos da alas. Aunque en mi caso me las suelan cortar de cuajo, aún sigo enamorándome como una lerda imaginando lo maravilloso que será el día en que este amor que tengo por entregar sea al fin correspondido... ^^
Laia — 13-06-2005 11:54:24
Laia — 13-06-2005 11:54:55
sergio.sanchez — 13-06-2005 23:40:41
JuD — 14-06-2005 11:56:24
Belerofonte — 14-06-2005 18:20:59